Introducción
Las londinesas acuñaron el término 'smog' para referirse a un humo (smoke) persistente que acaba formando una especie de niebla (fog). La palabra persistió igual que el fenómeno al cual hacía referencia. Era un problema nuevo que necesitaba un vocablo nuevo.

Hoy tenemos otra forma más de niebla: lo producida por un exceso de información. ¿Podríamos bautizarla como 'infog'? Lo que está claro es que cada día es más espesa. Cuesta ver a través de ella. Cuesta pensar a través de ella. Y hasta cuesta respirar en ella, no tanto porque llene de partículas nuestras vías respiratorias como por su capacidad de presionar nuestro diafragma en forma de ansiedad.

Sí, vivimos la edad del ansia, la ansi-edad de la impaciencia. La edad de la excentración, a la que solemos llamar desconcentración porque preferimos negar dos veces un problema antes que afirmarlo. Algo parecido al desayuno, al que quizás deberíamos empezar a llamar simplemente yuno.

Acabamos siendo consumidoras sumisas de ficción, porque en nuestra realidad ya no estamos cómodas. A veces intentamos escapar de dicha ficción, pero no desfingiéndola, lo que nos devolvería a la realidad, sino enmascarándola doblemente, lo que nos lleva a la aficción, una afición a la aflicción.

El propio lenguaje de esta introducción revela una poco sabia sofisticación, una forma de decir que lo coloquial ya no nos coloca, que preferimos un juego jugoso de palabras que una banalidad bananera. No es sólo que veamos a la vida sin sentido, ya que eso al menos significaría que vemos y pensamos: es que nuestros sentidos yacen sin vida, no por falta de estímulo sino por exceso.

Así es como nuestra alma zen acaba en el almacén de objetos perdidos. Así es como empezamos a consumir autoayuda, como quien consume un automóvil porque quiere desatrofiar sus piernas. Como si la atleta corriera deprisa porque tiene prisa. ¿Alguna vez te has planteado si este género literario pertenece a la ficción o a su prima, otra doble negadora, la no ficción?

Meditación aparece como palabra mágica. De repente, una vía para obtener superpoderes con los cuales podremos saciar nuestra ambición impaciente. Yago se apunta a yoga y la foca juguetona se vuelve foco inmóvil. Vive en el aquí y el ahora, y punto. Ninguna mención al vector velocidad definido en dicha posición.

Acción como utopía. Respirar pase, pero transpirar... qué me estás contando. ¿Romper a sudar? ¿Y si mejor sudo de romperme? ¿Contar ovejitas para dormir y respiraciones para despertar? ¿Qué pasa si oigo a las ovejitas respirar? Mientras las ovejas entrenan el tres mil obstáculos, nosotras dormitamos en colchones de lana.

La acción lleva a la acción. La inacción a la inacción, y a menudo a la inanición. Lo que muchas buscamos es un puente que nos lleve de esta a aquella. Pero la meditación también suele llevar a sí misma, a mundos contemplativos abisales en los que llegar a ser plenamente conscientes de la inconsciencia, en los que suspender el juicio. Y no vamos aquí a juzgar esto, pero a algunas nos sabe a poco. ¿Y si preferimos dejarnos de contemplaciones? ¿Y si queremos pasar a la acción?

Si la acción lleva a sí misma, ¿por qué no simplemente actuar? No faltan las autoayudas que se dedican a insultarte, a escupirte en la cara cosas como 'ponte las pilas, idiota', o bien 'organiza tu tiempo'. Para solucionar tus problemas simplemente coge tus problemas y soluciónalos. Si quieres acción, actúa. Qué fácil, ¿verdad? O si quieres acción, siéntate a contar respiraciones durante meses. Qué excitante, ¿no? ¿Y si intentamos entender de una vez qué es lo que hay entre la zona de 'inacción que lleva a la inacción' y la zona de 'acción que lleva a la acción'? Porque en esa zona entre zonas reside la clave.

Llamemos meditacción a la disciplina basada en entender esto. Quizás así podamos aprender a pasar de la primera zona a la segunda. También a entender que siempre vamos a acabar recayendo a la primera, o al menos a tender a ello. No se trata de buscar cómo entrar para siempre en el ciclo de acción-acción, sino que, admitiendo que tarde o temprano vamos a volver al ciclo inacción-inacción, tratemos de aprender cómo gestionar la zona mixta de inacción-acción. Es una zona turbulenta, inestable, y llena de sorpresas. Por lo tanto, vamos a definirla como una zona en sí misma. Conociéndola bien, podemos convertir la barrera en un puente.

Zona 1: inacción-inacción ---> Decadencia
Zona 2: inacción-acción ---> Meditacción
Zona 3: acción-acción ---> Excelencia